Agua dulce, un bien escaso que hay que preservar
El agua es uno de los recursos más importantes para la vida, y uno de los factores que más condicionan el desarrollo y el bienestar de las personas

Aunque el 70% de la superficie terrestre está cubierta por agua, solo una fracción mínima es accesible para consumo humano. Aproximadamente el 2,5% del total es agua dulce, y el 97,5% es agua salada. Dentro del agua dulce disponible, el 69% se encuentra en glaciares, el 31% en acuíferos subterráneos y apenas un 0,3% fluye en ríos y lagos.

A menudo, las noticias y reportajes nos hacen pensar que el agua es un recurso limitado que podríamos agotar. Sin embargo, el volumen total de agua en nuestro planeta es constante; simplemente cambia de estado y se mueve geográficamente a través del ciclo hidrológico, con procesos como la evaporación y la precipitación. Se percibe al agua como un recurso que podría agotarse, aunque su cantidad global no varía.
La eficiencia en la gestión del agua dulce es crucial, podrían surgir problemas de abastecimiento debido a una mala administración del recurso, ya sea por la competencia en su uso o por la contaminación que reduce su disponibilidad.
Creemos que el agua es un recurso finito y que corremos el riesgo de llegar a agotarlo algún día. Sin embargo, la cantidad de agua que hay sobre el planeta se mantiene siempre constante
La clave está en una gestión eficiente del agua dulce
Lo que sí puede ocurrir es que hagamos una mala gestión del recurso y que surjan problemas locales de abastecimiento. Bien porque exista competencia por el uso para aprovechamientos alternativos, o bien porque por problemas de contaminación se reduzcan las cantidades disponibles.
Por todos estos motivos, y por su carácter estratégico, en la mayor parte de los países se ha considerado el agua dulce como un bien público sin que pueda ser explotado mercantilmente por empresas privadas. Lo que no se debe confundir con que la gestión del abastecimiento y los tratamientos de depuración y regeneración hayan sido confiados a dichas empresas, como es el caso en muchas ciudades españolas.
El consumo total de agua en España es de unos 27.000 hectómetros cúbicos, siendo la agricultura la principal demandante, con el 67 %, seguido por la industria, 19 %, y el segmento urbano, 14 %.
En España la disponibilidad de agua dulce es muy heterogénea. Desde el punto de vista geográfico nos encontramos con regiones muy lluviosas, como la cornisa cantábrica, y otras extremadamente áridas, principalmente el Sureste. Como norma general podríamos decir que tenemos la mitad norte que cuenta con recursos suficientes y la mitad sur que es claramente deficitaria. Por otro lado, tenemos el carácter estacional de las lluvias. Muy concentradas en otoño y primavera y prácticamente inexistentes durante el verano.
Esta situación ha llevado a crear un sistema de almacenamiento, para resolver los problemas estacionales, y de distribución, para transportar el agua hacia las regiones más áridas, muy amplio y complejo y que ha funcionado sin tensiones durante muchos años.
Desafíos pendientes
La capacidad de todos los embalses asciende a 56.000 hectómetros cúbicos. Y la pluviometría media de todo el país se sitúa en 636 mm al año, con un máximo en los últimos 50 años de 842 mm y un mínimo de 438 mm.
En circunstancias normales nuestro país cuenta con la infraestructura necesaria para poder realizar una gestión sostenible del recurso y para garantizar su disponibilidad incluso en periodos de varios años con unas lluvias inferiores a las habituales.
Sin embargo, hay una serie de circunstancias que están tensionando la situación y entre las que cabe destacar:
- Se está incrementando la demanda para los distintos usos. Por un lado está creciendo la superficie regada y, además, con cultivos cada vez más intensivos que necesitan de mayores dotaciones. Por otro lado está aumentando la población y la actividad turística, cuyo consumo medio diario es muy superior a la media.
- Los efectos climáticos están provocando una mayor variabilidad en las precipitaciones. Cada vez los periodos de lluvia son menores y muchas veces lo hacen de manera tan intensa que no se pueden aprovechar.
- Se está produciendo un desplazamiento territorial de la población, y con ella de la demanda de agua. Muchas zonas del interior están reduciendo dramáticamente su población a favor de las zonas costeras, que a su vez son más deficitarias en recursos hídricos.
- La sociedad demanda que los aspectos medioambientales sean tenidos en cuenta en la gestión del agua.
Cómo abordar este reto colectivo
Para encontrar soluciones son necesarias distinto tipo de actuaciones que aseguren el suministro del recurso.
La más evidente, al tratarse de un bien público, sería establecer un sistema de gobernanza para gestionar a nivel global la distribución. Sin embargo, en los momentos actuales parece la más complicada de llevar a cabo por el debate partidista que se ha realizado, por anteponer los intereses locales/particulares a los generales y por las crecientes tensiones surgidas entre los diferentes colectivos implicados.
La más plausible vendrá de la mejora de las tecnologías que actúen tanto por el lado de la demanda como de la oferta. Intentar optimizar el consumo siendo mucho más eficientes, de forma que podamos mantener o incrementar nuestra capacidad productiva o nuestra calidad de vida consumiendo menos agua. Mejorar los sistemas de distribución para evitar pérdidas. Tratar las aguas industriales y urbanas para poder darles un segundo uso. Conseguir fuentes alternativas de suministro entre las que tendrá un papel destacado la desalación en las zonas costeras. Modelizar la disponibilidad futura para poder realizar los ajustes en la demanda con suficiente antelación. Y así un largo etcétera.
En Cajamar siempre hemos tenido una especial sensibilidad hacia todo lo que tiene que ver con el agua. Probablemente porque nuestros orígenes han estado muy condicionados por el buen uso de la misma y nuestra viabilidad dependía de que fuésemos capaces de gestionarla de manera sostenible
A través de nuestra Estación Experimental de Las Palmerillas venimos desarrollando proyectos de investigación y estudios sobre esta materia desde el año 1975. Y ahora estamos dando un paso más mediante la creación de Cajamar Innova, una incubadora/aceleradora de iniciativas con la que queremos apoyar cualquier idea o proyecto empresarial que nos permita seguir avanzando en la búsqueda de soluciones.
Nuestro territorio es un excelente laboratorio vivo donde podemos poner a punto tecnologías que pueden resolver una parte de los grandes retos que tiene la humanidad. Tenemos la ambición de atraer talento global para dar respuestas también globales.