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Día Mundial del Agua 2025: El recurso que no se agota pero siempre nos falta

Este año el Día Mundial del Agua se centra en concienciar sobre la importancia de la conservación de los glaciares frente al cambio climático

Día Mundial del Agua 2025, ¿qué celebramos?

El Día Mundial del Agua se celebra cada 22 de marzo desde 1993, cuando fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el objetivo de concienciar sobre la importancia del agua dulce y su gestión sostenible. Cada año, la ONU elige un tema específico para resaltar distintos desafíos relacionados con el recurso hídrico. Este año el Día Mundial del Agua 2025, el enfoque elegido es la conservación de los glaciares, que son fundamentales para el suministro de agua en muchas regiones del mundo y cada vez más amenazados por el cambio climático.

Pero el Día Mundial del Agua no debería de ser solo una fecha simbólica, sino un recordatorio de que el agua dulce es limitada y su disponibilidad depende de nuestra acción colectiva. Actualmente, más de 2.200 millones de personas en el mundo no tienen acceso a agua potable segura (ONU Agua, 2024), y si no tomamos medidas, esta crisis solo empeorará.

No se acaba, pero nos la estamos jugando

Cada año, durante las 24 horas que dura el Día Mundial del Agua no paramos de ver y oír recordatorios sobre la importancia de este recurso vital. Siempre se repiten los mismos mensajes: ahorra agua, cuida los ríos, protege los glaciares… Pero, ¿realmente estamos en peligro de quedarnos sin agua o es un problema de gestión?

El agua en la Tierra sigue siendo la misma desde hace millones de años. No se crea ni se destruye, solo cambia de estado y de ubicación. Entonces, ¿por qué hay sequías históricas, crisis hídricas y ciudades que se quedan sin suministro? La clave está en la disponibilidad y acceso.

Un ejemplo claro es Ciudad del Cabo, que en 2018 estuvo al borde del «Día Cero», cuando el agua potable de la ciudad estuvo a punto de agotarse. Mientras tanto, en otros lugares se enfrentan a lluvias torrenciales que terminan en inundaciones en lugar de reabastecer las reservas de agua dulce. La distribución del agua no sigue nuestras necesidades, y la gestión ineficiente solo agrava el problema.

El todas partes, menos donde la necesitamos

Si miramos el planeta desde el espacio, parece cubierto por agua. Y lo está. Pero el 97,5 % del agua del mundo es salada, lo que la hace inutilizable sin procesos costosos de desalinización. Solo el 2,5 % es agua dulce, pero está atrapada en glaciares, acuíferos subterráneos y humedad del suelo.

Menos del 0,3 % del agua dulce está disponible en ríos y lagos, que son las fuentes de agua potable más accesibles. Mientras tanto, millones de personas carecen de acceso a agua potable segura. No es que el agua desaparezca, sino que su distribución no coincide con nuestras necesidades.

A continuación, mostramos una tabla con la distribución del agua en el planeta, detallando los diferentes subgrupos dentro del agua dulce y salada.

Tipo de aguaPorcentaje del totalUbicación principal
Agua salada97,5 %Océanos y mares
Agua dulce2,5 %Glaciares, acuíferos, ríos y lagos
– Glaciares y casquetes polares69 % del agua dulceAntártida, Groenlandia, montañas
– Aguas subterráneas30 % del agua dulceAcuíferos y reservas bajo tierra
– Agua superficial y atmosférica1 % del agua dulceRíos, lagos, humedad del suelo, atmósfera

Un viajero incansable con rutas impredecibles

El agua es un viajero incansable, puede estar ahora en tu vaso y, hace un mes, haber sido parte de una tormenta en los Alpes suizos. Se evapora, se condensa en nubes, cae en forma de lluvia o nieve, se infiltra en el suelo, fluye por los ríos y regresa a los océanos, solo para repetir el ciclo una y otra vez. Es un sistema perfecto… o al menos lo era.

El cambio climático está rompiendo este equilibrio, y Europa es un claro ejemplo de ello. Las lluvias son más irregulares, las sequías más intensas y las inundaciones más devastadoras. En Alemania y Bélgica, las lluvias torrenciales del verano de 2021 provocaron una de las peores inundaciones en décadas, con más de 200 muertos y daños por miles de millones de euros. Mientras tanto, en España e Italia, las olas de calor extremas en 2023 redujeron los embalses a niveles críticos, poniendo en jaque la agricultura y el suministro de agua potable.

Este desbalance en el ciclo del agua no solo afecta al medio ambiente, sino que también pone en riesgo la seguridad alimentaria y el bienestar de millones de personas. La producción agrícola europea depende en gran medida de un suministro de agua estable. Sin embargo, con menos lluvias en verano y un deshielo más rápido en invierno, los cultivos se ven afectados, los precios de los alimentos aumentan y la incertidumbre hídrica se convierte en una amenaza real para el continente.

Europa se enfrenta a un dilema: ¿cómo gestionar un recurso que sigue presente, pero en los lugares y momentos equivocados? Países como los Países Bajos han invertido en infraestructuras de drenaje y gestión del agua para contener inundaciones, mientras que España ha apostado por desalinizadoras y planes de reutilización de aguas residuales para hacer frente a la sequía, convirtiéndose en todo un referente europeo. Sin embargo, si no se actúa con urgencia, el viejo continente podría enfrentarse a una crisis hídrica sin precedentes en los próximos años.

El hielo con calor, se derrite

Los glaciares almacenan alrededor del 69 % del agua dulce del planeta. Son nuestros bancos naturales de agua, liberando el recurso poco a poco a lo largo del año. Pero su desaparición acelera un problema inesperado: menos agua en los ríos y más en los mares.

En los últimos 30 años, los glaciares han perdido un promedio de 267 gigatoneladas de hielo por año. Esto significa que, hay más agua en el mar y por consecuencia, las reservas de agua dulce en la superficie terrestre están disminuyendo. Lo hemos comentado antes, la cantidad de agua en el planeta se mantiene, pero el tipo de agua y su ubicación cambian.

La naturaleza, el filtro de agua más eficiente

El agua, como todos sabemos, sigue un ciclo continuo que permite su reutilización natural. Se evapora de mares y ríos, forma nubes, cae en forma de lluvia o nieve y regresa a la tierra, donde inicia un proceso de filtración antes de ser utilizada nuevamente.

Cuando llueve, el agua no es potable de inmediato. Se infiltra en el suelo, atraviesa capas de arena y rocas que retienen impurezas y es purificada por microorganismos que eliminan bacterias. Este proceso natural permite que el agua llegue limpia a ríos y acuíferos, manteniendo el equilibrio de los ecosistemas y garantizando su disponibilidad para el consumo humano.

El 80 % de las aguas residuales a nivel mundial se vierten sin tratar

Sin embargo, este sistema que ha funcionado durante millones de años está en peligro. La contaminación del suelo está alterando la calidad del agua antes incluso de que pueda ser filtrada. Fertilizantes, pesticidas y residuos industriales se infiltran en la tierra y alcanzan los acuíferos, provocando una acumulación de sustancias tóxicas que afectan la salud humana y el medioambiente.

Además, la urbanización descontrolada reduce las zonas de filtración natural, obligando al agua a fluir directamente a ríos y mares sin pasar por su depuración natural. Actualmente, el 80 % de las aguas residuales del mundo se vierten sin tratar, afectando ríos, acuíferos y mares, lo que agrava aún más el problema y pone en riesgo la seguridad hídrica de millones de personas.

El agua no se acaba, pero sí se desperdicia

Entonces, si como hemos comentado, el agua no desaparece, ¿cuál es el problema? La cuestión es cómo la usamos.

  • ¿Sabías que aproximadamente el 70 % del agua dulce se destina a la agricultura?, pero gran parte se pierde por evaporación o sistemas de riego ineficientes. En Europa, se estima que el 24 % del agua utilizada para riego se pierde antes de llegar a los cultivos debido a infraestructuras obsoletas.
  • La contaminación reduce las reservas disponibles. Un río contaminado puede tardar décadas en recuperarse.
  • El desperdicio doméstico sigue siendo un problema. Un grifo mal cerrado puede perder hasta 20 litros al día.

Algunos países han logrado gestionar mejor su agua, reutilizando aguas residuales, optimizando la agricultura y protegiendo sus reservas naturales. Otros, en cambio, siguen dependiendo de infraestructuras obsoletas y no invierten en soluciones sostenibles.

¿Cómo contribuir a que haya más agua dulce y sea accesible para todos?

  • A nivel individual: Podemos reducir el desperdicio de agua en casa adoptando hábitos más responsables, como reparar fugas, optimizar el uso del agua en la cocina y el baño, y elegir productos con menor huella hídrica, como alimentos de producción local y sostenible. También podemos apoyar iniciativas de conservación, participando en proyectos de reforestación o en campañas para proteger ríos y acuíferos.
  • A nivel empresarial: Las industrias y el sector agrícola tienen un papel clave en la gestión del agua. Implementar tecnologías de reciclaje y reutilización de aguas residuales, mejorar los sistemas de riego en la agricultura y reducir el vertido de contaminantes a los cuerpos de agua son medidas esenciales para garantizar un uso más eficiente de este recurso.
  • A nivel gubernamental: Es necesario impulsar políticas de gestión hídrica eficiente, que incluyan inversiones en infraestructuras para el tratamiento del agua, la conservación de humedales y la protección de fuentes naturales. Además, el acceso universal a sistemas de saneamiento es fundamental para evitar la contaminación de las reservas de agua dulce.

El futuro del agua no depende de cuánta tengamos, sino de cómo la usemos. El Día Mundial del Agua 2025 nos invita a reflexionar y actuar, porque el agua no solo es un recurso: es la base de la vida, la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible.

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