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La conquista climática de Gengis Kan

¿Hasta qué punto el equilibro climático de la Tierra es vulnerable?

Gengis Kan, el gran guerrero mongol del siglo XIII, es bien conocido por sus sangrientas conquistas. Incluso se le conoce por ser, en cierto modo, uno de los mayores pobladores del planeta. Se calcula que el 0,5% de la población mundial puede ser descendiente suya. Puede parecer un porcentaje bajo, pero estamos hablando de una sola persona. En realidad, es muchísimo. La parte triste de la historia es que no llegó hasta ahí gracias a su sex appeal, sino a las violaciones que realizó en los saqueos a los pueblos que conquistaba. Y exactamente igual de poco honorable es la forma en la que, según algunos investigadores, llegó incluso a reducir la temperatura global del planeta.

Esto puede parecer bastante disparatado, pero en realidad no es algo tan raro. Ha ocurrido con otros genocidios, incluso con algunas grandes epidemias de enfermedades. Si se elimina de golpe una proporción muy elevada de la población de un lugar, supone que hay menos personas talando árboles para construir edificios o establecer campos de cultivo y pasto para el ganado. Los árboles son grandes captadores de dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero. Eso supone que, si se disminuye su tala, se capta más dióxido de carbono de la atmósfera, minimizando el calentamiento global.

Obviamente, no podemos hablar de que Gengis Kan actuase sobre el cambio climático. Tampoco de que la reducción de la temperatura global del planeta fuese únicamente cosa suya. Pero sí que se puede establecer una correlación que demuestra hasta qué punto puede tener consecuencias la violencia ejercida por un solo hombre.

Los terroríficos saqueos de Gengis Kan

La de Gengis Kan y su ejército fue una de las expansiones militares más importantes de la historia. En apenas 20 años, conquistaron buena parte del norte de China y, además, destruyeron el imperio musulmán de Juarzm, ubicado en Asia Central.

A esto se sumaron las conquistas de sus descendientes, de manera que el Imperio mongol llegó a hacerse con lo que hoy en día son China, Turquía, Turkestán, Irán, Irak y parte de Rusia.

Estas conquistas no fueron precisamente diplomáticas. Gengis Kan y sus soldados se hicieron con nuevos territorios a golpe de saqueos, asesinatos y violaciones. Se calcula que, en total, murieron unos 40 millones de personas a manos de su ejército. Es algo terrorífico, cuyas consecuencias no solo se quedaron en la superficie terrestre, sino que también llegaron hasta la atmósfera.

El invernadero quebrado por el imperio mongol

Para entender cómo afectaron los saqueos de Gengis Kan a la temperatura global, primero es necesario aclarar algunos conceptos, relacionados principalmente con el efecto invernadero.

Tendemos a visualizar este efecto como algo malo. Pero, en realidad, la Tierra no sería un planeta tan habitable sin él. Si solo nos ceñimos a la distancia a la que nos encontramos del Sol, la temperatura global sería demasiado baja.

Sin atmósfera, los rayos de Sol que inciden sobre la superficie terrestre rebotarían en ella y se dispersarían en el espacio, por lo que el planeta no llegaría a calentarse lo suficiente. Afortunadamente, nuestra atmósfera contiene una serie de gases que actúan como una especie de cubierta, evitando que buena parte de esas radiaciones se disipen. Sin ellos, la temperatura media del planeta sería de unos -18 ºC.

Estos gases son muchos, pero destacan el dióxido de carbono, el óxido nitroso, el metano, el ozono troposférico y los conocidos como clorofluorocarbonos (CFC). Normalmente estos gases tendrían que mantenerse en unos rangos adecuados para que la temperatura global sea confortable, pero no demasiado altos para que el planeta se convierta en un infierno.

Lamentablemente, la actividad de los seres humanos está llevando poco a poco a que muchos de esos gases aumenten su concentración por encima de esos rangos. Un caso especialmente perjudicial fue el de los CFC, a los que se considera responsables de buena parte del agujero de la capa de ozono. El hallazgo de esta relación llevó a que muchos países prohibieran su uso, de modo que ya no son tampoco grandes contribuyentes del efecto invernadero, como sí lo son otros gases. Es especialmente grave el caso del dióxido de carbono, ya que el uso de combustibles fósiles libera cantidades elevadísimas del mismo.

Existen algunos procesos que pueden reducir la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. Por ejemplo, las plantas, durante el proceso de fotosíntesis, utilizan este gas, en combinación con el agua y los nutrientes del suelo, para fabricar las sustancias de las que se alimentan. Además, pasa a formar parte de sus estructuras, de manera que se queda almacenado. Cuanto mayor sea el tamaño de la planta, mayor será la absorción y el almacenamiento de dióxido de carbono. Por eso es tan importante el papel de los árboles para reducir la temperatura global.

 No nos olvidemos de Gengis Kan, porque ya tenemos todas las piezas para entender cómo pudieron sus saqueos enfriar un planeta entero.

Poco enfriamiento, pero mucho significado

Los 40 millones de personas que murieron por los saqueos de Gengis Kan suponen un 30 %  de la población que conquistó. En esa época muchísimas personas vivían de la agricultura y la ganadería. Todo esto requería una tala masiva de árboles para dejar espacio para los campos de cultivo y pasto. Además, son personas que dejaron de necesitar calentarse, de manera que no se talaron tantos árboles para obtener leña. Esto, en el tiempo que duraron las conquistas del imperio mongol, permitió la recuperación de muchos bosques y evitó la pérdida de otros tantos.

Por eso, en 2011 un equipo de científicos se hizo una pregunta al respecto. ¿Y si todo esto hubiese conducido a un enfriamiento de la temperatura global? Para contestar a dicha cuestión, realizaron una serie de modelos informáticos, teniendo en cuenta datos de la época, tanto climáticos como de actividad humana. Se concluyó que las conquistas de Gengis Kan promovieron el crecimiento de 142.000 kilómetros cuadrados de bosque. Esto, a su vez, supone la eliminación de 684 millones de toneladas de carbono de la atmósfera, lo que llevaría a una reducción global de 0,183 partes por millón. 

Gracias a técnicas como el análisis de los anillos de los árboles, se sabe que la Tierra experimentó un descenso de su temperatura global coincidiendo con aquella época. Pero aquí hay que dejar algo claro: esa reducción de gases de efecto invernadero no sería la única responsable del enfriamiento de nuestra atmósfera.

Gengis Kan no fue el único

En realidad, las conquistas de Gengis Kan no son el único fenómeno histórico que se relaciona con un descenso de la temperatura global. Por ejemplo, se han observado eventos similares coincidiendo con otros eventos de violencia que supusieron una reducción drástica de la población, como lo ocurrido durante la conquista de América. También ha habido epidemias que se asocian con enfriamientos globales de la atmósfera. Es el caso, por ejemplo, de la conocida como plaga de Justiniano. Esta tuvo lugar entre los siglos VI y VIII después de Cristo y se estima que pudo causar la muerte de hasta 50 millones de personas. La enfermedad que la provocó no está clara, aunque se cree que pudo ser peste bubónica. Los fallecidos suponían aproximadamente entre un 13 % y un 26 % de la población, de modo que parte del descenso de la temperatura global podría deberse a las mismas causas.

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¿Gengis Kan enfrió el planeta?

Llega la hora de responder a esta pregunta, y la respuesta es que no, Gengis Kan no enfrió el planeta. Al menos no lo suficiente para que se pueda hablar de cambios en el clima. Tanto sus conquistas, como otros genocidios y epidemias produjeron muy probablemente descensos en la temperatura global. Pero estos serían mínimos y se verían acompañados de otros descensos asociados a eventos mucho más drásticos, como las erupciones volcánicas. 

El lanzamiento a la atmósfera de grandes cantidades de ceniza también puede disminuir muchísimo la temperatura global. Se ha visto que algunos de esos fenómenos históricos coincidieron en el tiempo con erupciones volcánicas. Pero eso no quita importancia al hecho de que los saqueos de Gengis Kan fueron tan brutales como para afectar a la temperatura del planeta. Aunque solo fuese mínimamente y la contribución al enfriamiento total fuese ínfima, es una clara demostración de lo lejos que pueden llegar estas atrocidades. Porque no, ese enfriamiento del planeta no fue algo beneficioso. Fue una señal tangible de la cantidad de vidas que se segaron por el ansía de poder de un ser humano. Desgraciadamente, aunque esto ya sea historia, para algunos esas ansias nunca llegaron a desaparecer.

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